Narnia 3: La travesía del Explorador del amanecer
Bueno mis queridos lectores y fanáticos de Narnia! Para aquellos que son de los míos, es decir, de aquellos a quienes les gusta leer y sin gastar un centavo (>-<), aunque hay libros que bien valen lo que cuestan, digamos que les acercare el siguiente libro para fomentar la lectura, porque leer no tiene comparación... Les traje el libro de C. S. Lewis, "Las Crónicas de Narnia, en la travesía del Explorador del amanecer", el cual se compone de 16 capítulos.
Iré publicando en el blog, de a capítulo...^^... Y por cada uno q publique, resaltaré a mi opinión algunas cosas que de ellos me guste o no me guste...^^
Si la sección tiene éxito y se posiciona entre las dos más leídas y comentadas... (Fanáticos hagan propaganda XD...)... también publicare en el mismo carácter, el segundo libro de Narnia, es decir "Las crónicas de Narnia y el príncipe Caspian", Veré si consigo el cuarto tomo. El quinto y el sexto los poseo en mis condominios ¬¬...
Y recuerden que si quieren ver otros tomos, o porqué no otros libros que pidan, tienen que hacer propaganda, comentar mucho y leer la sección muchas veces XD.... Ah re chantajista... ¬¬ pero en cierto punto es verdad, digamos que en un 99, 99%.... ¬¬...
Bueno los dejo con el título, el índice .... y el 1º cap.
Ahh... por cierto se publicaran los cap. los sábados y miércoles.
C. S. LEWIS
LAS CRONICAS DE NARNIA
LIBRO III
"LA TRAVESIA DEL "EXPLORADOR DEL AMANECER"
I N D I C E
I EL CUADRO DE LA HABITACION
II A BORDO DEL EXPLORADOR DEL AMANECER
III LAS ISLAS DESIERTAS
IV LO QUE CASPIAN HIZO EN ESE LUGAR
V LO QUE LA TORMENTA TRAJO CONSIGO
VI LAS AVENTURAS DE EUSTAQUIO
VII COMO FINALIZO LA AVENTURA
VIII DOS ESCAPADAS MILAGROSAS
IX LA ISLA DE LAS VOCES
X EL LIBRO DEL MAGO
XI LOS ZONZOPODOS FUERON FELICES
XII LA ISLA OSCURA
XIII LOS TRES DURMIENTES
XIV EL PRINCIPIO DEL FIN DEL MUNDO
XV LAS MARAVILLAS DEL ÚLTIMO MAR
XVI EL VERDADERO FIN DEL MUNDO
I EL CUADRO DE LA HABITACION
HABIA un niño llamado Eustaquio Clarence Scrubb* y casi merecía ese nombre. Sus padres lo llamaban Eustaquio Clarence y sus profesores, Scrubb. No puedo decirles qué nombre le daban sus amigos, porque no tenía ninguno. El no trataba a sus padres de "papá" y de "mamá", sino de Haroldo y Alberta. Estos eran muy modernos y de ideas avanzadas. Eran vegetarianos, no fumaban, jamás tomaban bebidas alcohólicas y usaban un tipo especial de ropa interior. En su casa había pocos muebles; en las camas, muy poca ropa, y las ventanas estaban siempre abiertas.
A Eustaquio Clarence le gustaban los animales, especialmente los escarabajos, pero siempre que estuvieran muertos y clavados con un alfiler en una cartulina. Le gustaban los libros si eran informativos y con ilustraciones de elevadores de granos o de niños gordos de otros países haciendo ejercicios en escuelas modelos.
A Eustaquio Clarence no le gustaban sus primos, los cuatro Pevensie -Peter, Susana, Edmundo y Lucía-. Sin embargo, se alegró mucho cuando supo que Edmundo y Lucía se iban a quedar durante un tiempo en su casa. En el fondo le gustaba mandar y abusar de los más débiles; y aunque era un tipo insignificante, ni siquiera capaz de enfrentar en una pelea a Lucía, ni mucho menos a Edmundo, conocía muchas maneras de hacer pasar un mal rato a cualquiera, especialmente si estás en tu propia casa y ellos son sólo visitas.
Edmundo y Lucía no querían por ningún motivo quedarse con sus tíos Haroldo y Alberta. Pero realmente no lo pudieron evitar. Ese verano su padre fue contratado para dictar conferencias en Norteamérica durante dieciséis semanas y su madre lo acompañó, pues desde hacía diez años no había tenido verdaderas vacaciones.
Peter estudiaba sin descanso para un examen y aprovecharía sus vacaciones para prepararse con clases particulares del anciano profesor Kirke, en cuya casa los cuatro niños tuvieron fantásticas aventuras mucho tiempo atrás, en los años de la guerra. Si el profesor hubiera vivido aún en aquella casa, los habría recibido a todos. Pero, por diversas razones, se había empobrecido desde aquellos lejanos días y ahora habitaba una casita de campo con un solo dormitorio para alojados.
Llevar a los otros tres niños a Norteamérica resultaba demasiado caro, así es que sólo fue Susana. Los adultos la consideraban la belleza de la familia, aunque no una buena estudiante (a pesar de que en otros aspectos era bastante madura para su edad). Por eso, mamá dijo que "ella iba a aprovechar mucho más un viaje a Norteamérica que sus hermanos menores". Edmundo y Lucía trataron de no envidiar la suerte de Susana, pero era demasiado espantoso tener que pasar las vacaciones en casa de sus tíos.
-Y para mí es muchísimo peor -alegaba Edmundo-, porque tú, al menos, tendrás una habitación para ti sola; en cambio yo tengo que compartirla con ese requeté apestoso de Eustaquio.
La historia comienza una tarde en que Edmundo y Lucía aprovechaban unos pocos minutos a solas. Por supuesto, hablaban de Narnia; ese era el nombre de su propio y secreto país. Yo supongo que la mayoría de nosotros tiene un país secreto, pero en nuestro caso es sólo un país imaginario. Edmundo y Lucía eran más afortunados que otras personas: su país secreto era real. Ya lo habían visitado dos veces; no en un juego ni en sueños, sino en la realidad. Por supuesto habían llegado allí por magia, que es el único camino para ir a Narnia. Y una promesa, o casi una promesa que se les hizo en Narnia mismo, les aseguraba que algún día regresarían. Te podrás imaginar que hablaban mucho de todo eso, cuando tenían la oportunidad.
Estaban en la habitación de Lucía, sentados al borde de su cama y observaban el cuadro que colgaba en la pared frente a ellos. Era el único de la casa que les gustaba. A tía Alberta no le gustaba nada (por eso el cuadro había sido relegado a la pequeña pieza del fondo, en el segundo piso), pero no podía deshacerse de él porque se lo había regalado para su matrimonio una persona a quien no quería ofender.
Representaba un barco... un barco que navegaba casi en línea recta hacia uno... La proa era dorada y tallada en forma de una cabeza de dragón con su gran boca abierta; tenía sólo un mástil y una gran vela cuadrada, de un vivísimo color púrpura. Los costados del barco, lo que se podía distinguir de ellos al final de las alas doradas del dragón, eran verdes. El barco acababa de encumbrar sobre la cresta de una imponente ola azul que, al reventar, casi se te venía encima, llena de brillos y burbujas. Obviamente, el barco avanzaba muy veloz impulsado por un alegre viento, inclinándose levemente a babor. (A propósito, si van a leer esta historia y si aún no lo saben, métanse bien en la cabeza que en un barco, mirando hacia adelante, el lado izquierdo es babor y el derecho, estribor.) Toda la luz del sol bañaba ese lado de la nave, y allí el agua se llenaba de verdes y morados. A estribor, el agua era de un azul más oscuro debido a la sombra del barco.
-Me pregunto -comentó Edmundo- si no será peor mirar un barco de Narnia cuando uno no puede ir allí.
-Incluso mirar es mejor que nada -señaló Lucía-, y la verdad es que ese es un barco típico de Narnia.
- ¿Siguen con su viejo jueguito? -preguntó Eustaquio Clarence, que había estado escuchando tras la puerta, y entraba ahora en la habitación con una sonrisa burlona.
Durante su estada con los Pevensie el año anterior, se las arregló para escuchar cuando hablaban de Narnia y le encantaba tomarles el pelo. Por supuesto que pensaba que todo esto era una mera invención de sus primos, y como él era incapaz de inventar algo por sí mismo, no lo aprobaba.
-Nadie te necesita aquí -le dijo fríamente Edmundo.
-Estoy tratando de hacer un verso -dijo Eustaquio-, algo más o menos así:
"Por inventar juegos sobre Narnia, Algunos niños están cada vez más chiflados".
-Bueno, para comenzar, Narnia y chiflado no riman en lo más mínimo -dijo Lucía.
-Es una asonancia -contestó Eustaquio.
-No le preguntes lo que es una aso-cómo-se-llama -pidió Edmundo-. Lo único que quiere es que se le pregunten cosas. No le digas nada y a lo mejor se va.
Frente a tal acogida, la mayoría de los niños se habría mandado cambiar o, por lo menos, se habría enojado; pero Eustaquio no hizo ni lo uno ni lo otro, sino que se quedó allí dando vueltas, con una mueca burlesca, y en seguida comenzó nuevamente a hablar.
- - ¿Les gusta ese cuadro? -preguntó.
- - ¡Por el amor de Dios! No lo dejes que se ponga a hablar de arte y todas esas cosas -se apresuró a decir Edmundo.
Pero Lucía, que era muy sincera, ya había dicho que a ella sí le gustaba y mucho.
-Es un cuadro pésimo -opinó Eustaquio.
-No lo verías si te vas para afuera -dijo Edmundo.
- - ¿Por qué te gusta? -preguntó Eustaquio a Lucía.
-Bueno, por una razón muy simple -respondió Lucía-: realmente el barco parece moverse. Y el agua se ve como si estuviera en verdad mojada. Y las olas se ven como si en verdad subieran y bajaran con la marea.
Es evidente que Eustaquio podría haber respondido de mil maneras a este comentario, pero no dijo nada, porque en ese mismo momento miró las olas del cuadro y vio que efectivamente parecían subir y bajar. Sólo una vez había estado en un barco (y aquella vez únicamente hasta la cercana isla de Wight) y se mareó en una forma horrible. El ver las olas en el cuadro lo hizo volver a experimentar esa desagradable sensación; se puso verde y trató de mirar otra vez, pero en ese momento ocurrió algo que hizo que los tres niños quedaran con la boca abierta, mirando con ojos fijos.
Seguramente lo que ellos vieron es difícil de creer cuando se lee en un libro, pero el presenciarlo fue igualmente increíble. Todos los elementos del cuadro comenzaron a moverse, pero no como ocurre en el cine, ya que los colores eran demasiado claros, limpios y reales como para una película. Se sumergió la proa de la nave en la ola, haciendo explotar una masa de espuma; luego la ola se alzó tras el barco y por primera vez se pudieron ver su popa y cubierta, pero pronto volvieron a desaparecer con el impacto de la siguiente ola que lo azotó, levantando nuevamente su proa. En ese mismo momento, un cuaderno que estaba tirado en la cama al lado de Edmundo comenzó a agitarse, luego se elevó y, por último, cruzó suavemente los aires hacia la muralla que estaba tras él. Lucía sintió que su peló le azotaba la cara como en los días de viento; y ese era un día ventoso, pero el viento soplaba desde el cuadro hacia ellos. Y de pronto, junto al viento vinieron los ruidos: el murmullo de las olas, el golpe del agua contra los costados del barco, los crujidos y el fuerte rugido constante que el agua y el aire producían de proa a popa. Pero fue el olor, ese olor violento y salado, lo que finalmente convenció a Lucía de que no estaba soñando.
- ¡Basta! - Se oyó la voz chillona de Eustaquio, rechinando de miedo y rabia-. Esto debe ser un truco estúpido inventado por ustedes. ¡Basta! Se lo diré a Alberta... ¡Ay!
Los otros dos niños estaban más acostumbrados a las aventuras, pero así y todo cuando Eustaquio dijo "Ay", ambos dijeron "Ay" al mismo tiempo. La causa fue una gran ola salada y fría que reventó justo fuera del cuadro, dejando a los niños sin respiración por su chasquido, además de completamente empapados.
- - ¡Voy a hacer añicos esa porquería! -gritó Eustaquio.
Y a continuación sucedieron muchas cosas al mismo tiempo. Eustaquio se precipitó hacia el cuadro. Edmundo, que sabía algo de magia, dio un salto y corrió tras él advirtiéndole que tuviese cuidado y no fuera tonto. Lucía trató de cogerlo por el otro lado, pero fue arrastrada hacia adelante. Y ahora sucedía que o bien ellos se achicaron, o el cuadro se hizo más grande. Eustaquio saltó para tratar de descolgarlo de la pared y de pronto se encontró parado en el marco; lo que vio frente a sí no era un vidrio, sino que el mar de verdad, y viento y olas que se precipitaban contra el marco, como contra una roca. Se desequilibró y trató de agarrarse a los otros dos, que habían saltado a su lado. Hubo un segundo de lucha y griteríos, y cuando creyeron haber recuperado el equilibrio, se levantó a su alrededor una gran ola azul que los arrastró y los precipitó al mar. El grito desesperado de Eustaquio se acalló repentinamente cuando se le llenó la boca de agua.
Lucía dio gracias a Dios por haber practicado mucho su natación durante el verano anterior; pero no se puede negar que le habría ido mejor con brazadas más lentas y si el agua no estuviera mucho más fría de lo que parecía cuando era sólo un cuadro. Aun así, mantuvo la calma y se sacó los zapatos con los pies, como debe hacerlo cualquier persona que cae al agua vestida. También mantuvo la boca cerrada y los ojos abiertos. Estaban aún muy cerca del barco; Lucía pudo ver su costado verde alzándose muy alto sobre ellos, y gente que la miraba desde cubierta. Entonces, como era de esperar, Eustaquio se aferró a ella en un ataque de pánico y ambos se hundieron.
Al salir a flote nuevamente, Lucía pudo distinguir una figura blanca que se zambullía desde uno de los costados del barco. Edmundo estaba bastante cerca de ella, pataleando en el agua y había cogido por los brazos a Eustaquio que aullaba de terror. Luego, por el otro lado, alguien más, cuyo rostro le era vagamente familiar, la sostuvo firmemente. Del barco se oía una serie de gritos y en la borda se podía ver a un sinnúmero de personas apiñadas unas contra otras, arrojando las cuerdas. Edmundo y el desconocido le amarraron una alrededor de ella. Después vino lo que pareció una espera muy larga, durante la cual su cara se puso azul y comenzaron a castañetearle los dientes. En realidad, la demora no fue tan grande como parecía. Estaban esperando el momento oportuno para subirla a bordo del barco, sin correr el riesgo de que se golpeara contra su costado. Pero a pesar de todos los esfuerzos, Lucía vio que tenía una rodilla magullada cuando, finalmente, estuvo en la cubierta goteando y tiritando. Luego, de un tirón subieron a Edmundo y, en seguida, al desdichado Eustaquio. Al último subió el desconocido, un muchacho de pelo dorado, algunos años mayor que los niños.
- ¡Ca... Ca... Caspian! -balbuceó Lucía muy sorprendida apenas hubo recuperado el aliento. Pues era Caspian, el joven rey de Narnia, a quien ellos ayudaron a obtener el trono durante su última visita. Edmundo también lo reconoció y los tres se dieron la mano y se palmotearon la espalda con gran júbilo.
- - ¿Quién es este amigo de ustedes? -dijo Caspian casi al instante y se volvió a Eustaquio con su alegre sonrisa.
Pero Eustaquio lloraba mucho más fuerte de lo que se puede permitir a cualquier niño de su edad, cuando sólo ha sufrido un buen remojón.
- - ¡Déjenme ir, déjenme volver! ¡No me gusta estar aquí! -vociferaba.
- ¿Dejarlo ir?- preguntó Caspian-. Pero ¿a dónde? Eustaquio se abalanzó a la baranda del barco, como si esperase ver el marco del cuadro colgado sobre el mar, o tal vez vislumbrar el cuarto de Lucía. Pero lo que vio fueron olas muy azules salpicadas de espuma y un cielo de color azul más pálido, que se extendían sin interrupción hacia el horizonte. Tal vez no podamos culparlo de que se le fuera el alma a los pies, ya que se estaba mareando rápidamente.
- Rynelf -llamó Caspian a uno de los marineros-, trae vino aromático para sus Majestades. Ustedes necesitan algo para entrar en calor después de ese chapuzón.
Llamaba a Edmundo y a Lucía sus Majestades porque, junto con Peter y Susana, habían sido reyes y reinas de Narnia antes que él. El tiempo en Narnia transcurre en forma diferente al nuestro. Si pasas cientos de años allá, al volver a nuestro mundo será la misma hora del mismo día en que te fuiste. Y también, si vuelves a Narnia después de pasar una semana aquí, te encontrarás con que han transcurrido mil años narnianos, o sólo un día, o tal vez ni siquiera un segundo; pero eso nunca lo sabrás hasta que llegues allá. Por eso, cuando los niños Pevensie volvieron a Narnia por segunda vez, su llegada fue considerada (por los narnianos) como si el rey Arturo volviera a Inglaterra, como algunos creen que lo hará. Y en mi opinión cuanto antes lo haga, tanto mejor.
Rynelf volvió con el humeante y aromático vino en una gran jarra y cuatro copas de plata. Era exactamente lo que les hacía falta, y a medida que Lucía y Edmundo lo bebían a sorbos, podían sentir el calor que los recorría hasta la punta de los pies. Sin embargo, Eustaquio hizo muecas, tartamudeó y lo escupió lejos; se mareó nuevamente y reanudó sus gritos, preguntando si acaso no tendrían algún alimento energético vitaminizado de cualquier tipo de arbusto y si podrían preparárselo con agua destilada. Y de todos modos insistía en que lo dejaran en tierra en el próximo puerto.
-Has traído un compañero de viaje muy divertido, hermano -susurro Caspian al oído de Edmundo, con risa ahogada.
Pero antes que pudiese decir cualquier otra cosa, Eustaquio gritó nuevamente:
- ¡Por el amor del cielo! ¿Qué es eso? Saquen esa horripilancia de aquí.
En realidad esta vez tenía algo de razón en sorprenderse, ya que de la cabina de popa había salido algo en verdad muy curioso, y se acercaba lentamente hacia ellos. Podríamos decir que se trataba, y de hecho eso era, de un ratón; pero este era un Ratón que caminaba en sus patas traseras y medía cerca de sesenta centímetros de alto. Alrededor de su cabeza llevaba una delgada banda de oro que pasaba por debajo de una oreja y por encima de la otra, y en ella había pegada una gran pluma carmesí. (Como el pelaje del Ratón era muy oscuro, casi negro, el efecto era audaz y llamativo). Su pata izquierda se apoyaba en la empuñadura de una espada casi tan larga como su propia cola; con un equilibrio perfecto, elegantes modales y aspecto grave, se paseaba por la cubierta oscilante del barco. Lucía y Edmundo lo reconocieron de inmediato. Era Rípichip, el más valiente de todos los Animales que Hablan de Narnia y el Jefe de los ratones. Se había hecho merecedor de eterna gloria durante la segunda batalla de Beruna. Lucía, como siempre, tuvo muchas ganas de tomarlo en sus brazos y regalonearlo, pero bien sabía que jamás podría darse ese gusto, ya que esto ofendería profundamente a su amigo. En lugar de ello se arrodilló para hablar con él.
Rípichip adelantó su pata izquierda, dejando atrás la derecha, hizo una reverencia y le besó la mano; luego se enderezó, se retorció los bigotes y dijo con su voz aguda y chillona:
-Mis más humildes respetos a su Majestad y también al Rey Edmundo -al decir estas palabras, se inclinó nuevamente-: Sólo la presencia de sus Majestades faltaba a esta gloriosa aventura.
- - ¡Uf! Llévenselo de aquí -gimió Eustaquio-, odio los ratones y jamás he podido soportar a los animales amaestrados. Son tontos, vulgares... y... sentimentales.
Después de mirarlo fijamente durante algunos segundos, Rípichip se volvió a Lucía y dijo:
- - ¿Debo suponer que esta persona tan increíblemente grosera está bajo la protección de su Majestad? Porque de lo contrario...
En ese momento Lucía y Edmundo estornudaron.
- - ¡Qué tonto he sido al dejarlos aquí con sus ropas empapadas! -exclamó Caspian-. ¿Por qué no van abajo y se cambian? Yo le cederé mi cabina a Lucía, por supuesto, pero me temo que no tenemos ropa femenina a bordo. Tendrás que arreglártelas con algo de lo mío. Rípichip, como buen compañero, enséñale el camino.
- Por servir a una dama, hasta por un asunto de honor debe ceder su lugar... al menos por el momento -señaló Rípichip y lanzó una mirada muy dura a Eustaquio. Pero Caspian los obligó a apresurarse, y pocos minutos más tarde Lucía estaba dentro de la cabina de popa. Se enamoró de ella en el acto: las tres ventanas cuadradas, por las que se veía el agua azul y arremolinada a popa; las tres bancas bajas con cojines que rodeaban tres costados de la mesa; la lámpara de plata que oscilaba sobre su cabeza ("hecha por los enanos", pensó Lucía en seguida, por su exquisita delicadeza); y, colgada en la pared de enfrente, sobre la puerta, la imagen de Aslan, el León, pintada en oro. Todo esto lo captó Lucía en un minuto, ya que inmediatamente Caspian abrió la puerta a estribor y entró.
-Esta será tu habitación, Lucía. Yo sólo recogeré alguna ropa seca para mí -dijo mientras revolvía uno de los cajones-, y luego me iré para que puedas cambiarte. Si tiras tu ropa mojada al lado de la puerta, encargaré que la lleven a la cocina para secarla.
Lucía se sintió tan en su casa como si hubiese estado semanas en la cabina de Caspian; el movimiento del barco no la molestaba, ya que había hecho numerosos viajes cuando fue reina de Narnia, mucho tiempo atrás. La cabina era diminuta, pero clara y llena de paneles pintados (pájaros, animales salvajes, dragones carmesí y parras); además estaba inmaculadamente limpia. La ropa de Caspian era demasiado grande para ella, pero pudo arreglárselas; no había esperanzas de usar sus zapatos, sandalias y botas de mar, pero a ella no le importaba andar descalza a bordo. Cuando finalmente terminó de vestirse, se asomó a la ventana para mirar el agua que pasaba vertiginosamente, y respiró profundo. Estaba segura de que allí lo pasarían muy bien.
El primer capítulo, qué bueno ^^, hay ciertas cosillas que me gustaría remarcar, primero la presencia de Eustaquio, el primito "querido" de los hermanos Pevensie, un niño soso, molesto, egoísta como lo dice su apellido XD, pero que tiene la gran suerte (T-T) de ir a Narnia junto a sus primitos Edmundo y Lucía.
Segundo, ¿a qué se imaginan que fue Susan a EE.UU?... me suena a venta de su persona, es decir a mi parecer o la llevaron para que consiguiese un buen matrimonio en abuso de su belleza, o para insertarla en la pantalla /cine o TV/, u otra menos probable por su contexto infantil, que no deseo mencionar pero que ya ustedes comprenderán.
Lo Tercero que deseo marcar es su entrada a Narnia. Recordemos que en el primer libro entran por medio del ropero que estaba en la casa del profesor Kirke, que ahora es pobre (T-T) (eso me da pena, él era muy bueno), en el segundo libro entran a Narnia por el llamado de Caspian a utilidad del cuerno de Susan, cuyo perfil no coincide con el joven actor Ben Barnes, porque Caspian ¡es rubio! y también más niño, mas o menos de la edad de Lucy, cabe mencionar que no me agradó q involucraran a Caspian con Susan en la película, ya por el hecho de hacerlo más adolescente, pero bueno. Y en este tomo, el tercer libro, Entran por el cuadro del barquito, cuando una ola sale de él y se arrastra a los tres jóvenes.
Cuarto, Como ya he dicho en el libro se encuentran con Caspian, más grande, hecho un hermoso adolescente... puesto que ya desde el segundo libro era de imaginarse que haría protagonismo con Lucy, que es la gran protagonista del libro... o por lo menos esa fue la intención de Lewis si recordamos su prólogo, Como decíamos, en este libro, Caspian se enamora de Lucy, Quien también había crecido un poco. Seamos sinceros, ¿¿¿se imaginan a la actriz que conocemos por Lucy con el actor que conocemos por Caspian??? XD... je, je, hay mucha diferencia de edad.
Quinto y último tip, Ahora sabemos un dato que antes no conocíamos, me refiero al tiempo independiente de Narnia, creíamos saber que a un año real eran siglos de años narnianos, por tanto creíamos que al pasar unos años más pasarían unos siglos más... pero ahora sabemos que no. Ya que si vuelves en una semana te podrás encontrar con que pasaron mil años, un día o tal vez ni siquiera un segundo... es decir es independiente... solo podrás saber cuanto tiempo transcurrió cuando haz de volver.
Es todo por hoy, no vemos en próximo capítulo...^^
~~Megumi Chan~~
* Scrub significa mezquino, despreciable. (N. del T.).
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Comentarios sobre Narnia 3: La travesía del Explorador del amanecer
Bueno, me gustaria que me dijesen qué opinan de esta nueva sección...
Y de los cambios en el blog^^
~Megumi Chan~
Gracias por tu comentario^^
Toda critica es bien vista^^
Byes^^
HOLA
hola... ami encantas las cronicas de narnia..tuviste una muy buena idea en poner le 3 libro aqui ...
que tengas mucha suerte...
Ro=)
me gustaria saber de todos lois capitulos
Pos al final de cada capítulo, si es que algo me parece interesante coloqué lo más importante de cada uno^^
HHOLLA! AMOO((L A NARNIA
(L)
KSJSKAJ
QISIERA Q PASEN X MI FLOGG Y ME DEJEN AHI TODO EL LIBRO COMPLETO
olas !!
ya habia leido este libro
soy super fan de narnia!!!
esta super padre este libro pero lo malo es ke ya no van aparecer Peter ni Susan!!
pero me gusto mucho espero ke hagan la pelicula!!!!
el libro terrile weno por algo digo q io soi fanatico de narnia anoche vi narnia i la he viso milochorosientas bces, shao y gracias ~Megumi Chan~
por el book
ola las cronicas de narnia tienses muchas pag pero es enteetedio y soy fan de narnia